miércoles, 28 de diciembre de 2011

Crisis económica vs Crisis medioambiental


El motivo por el que la mayoría de los economistas no captan el problema es que no entienden que toda actividad económica consiste en un préstamo de la energía y los recursos materiales de la naturaleza. Si este préstamo reduce la abundancia natural de lo que la biosfera puede reciclar los desechos y reabastecer la existencias previas, la deuda entrópica acumulada acabará siendo aplastante”  (Jeremy Rifkin).

De modo introductorio y de cara a todos los próximos artículos quiero anunciar que no me gustan los estereotipos, no me considero un ecologista extremo, ni un economista neoclásico “capitalista”, a pesar de haber acabado la carrera de economía hace año y medio, en la que realmente pocas han sido las asignaturas fructuosas para poder entender el día a día que nos ha tocado vivir. Dicho esto, y aplicando el sentido común a mis razonamientos, esta primera entrada en el blog es para enfatizar la importancia que se debería dar al medio ambiente cuando hablamos de crecimiento económico o desarrollo económico.


Actualmente, y  por desgracia desde ya hace unos años, la palabra crisis aparece constantemente en cualquier acto cuotidiano que uno realiza, ya sea en la calle, en el trabajo, en casa, mirando la televisión, escuchando la radio o leyendo la prensa. Y términos económicos como; paro, desempleo, recesión, deuda (interna, exterior, privada, pública), ahorro (nacional, privado, público), productividad, déficit, prima de riesgo, solvencia, PIB, coeficiente de reserva, recapitalización, suspensión de pagos, desahucio, copago, entre muchos otros, son usados de forma frecuente por millones de personas que hace unos años muchas de estas palabras les sonaban a “chino”. 

Todo este vocablo es normal en la situación en la que nos encontramos debido al miedo de la gente a perder su empleo, no encontrar uno nuevo, o en mi caso, a no encontrar el primer empleo real en relación a los estudios realizados. Pero lo que no es normal es no escuchar ni percibir diariamente en el entorno, términos como sostenibilidad, responsabilidad social, huella ecológica, cambio climático, recursos naturales limitados, reciclaje, biodiversidad, etc. Y no solo eso, sino que mucha gente los ignora por desconocimiento o por darle poca importancia, llegando incluso a ridiculizar los problemas ambientales. Y cuando hablo de gente no solo hablo de la gente de la calle, sino desde políticos locales, pasando por grandes profesionales de su sector hasta llegar a presidentes de gobierno.
                                     Y… ¿Dónde quiero llegar con todo esto? 

Pues sencillamente que abramos los ojos y nos concienciemos ya que la verdadera crisis mundial es la crisis ambiental, que el trabajo, y consecuentemente el dinero, son instrumentos para vivir mejor o peor, según el cristal con el que se mire, pero que este bien, el dinero, no se puede conseguir a cualquier precio, y por esto debemos pasar de la dominación y explotación indiscriminada de la Naturaleza a posturas de equilibrio ecológico y equidad social que nos proyecten a un escenario de desarrollo sostenible (crecimiento económico sostenible).  

No estoy diciendo que no nos preocupemos por tener empleo ni por mejorar nuestro salario, solo ser más conscientes y preocuparnos por nuestro entorno, ya que antes egoístamente se decía “ya lo solucionarán las generaciones futuras”, pero el ritmo de degradación ambiental que estamos alcanzando es insostenible, y seremos, siento ser catastrofista, a los que nos alcanzará la gran problemática. Y tal vez sea irreversible volver atrás si no realizamos acciones inmediatas desde dos vertientes, por una parte desde la ciudadanía como el reciclaje, apostar por las energías renovables, ahorrar energía y combustible, es decir, ser más eficientes, comprar productos y alimentos ecológicos y justos,  y por otra parte desde los gobiernos, que deben facilitar todos los instrumentos necesarios para incentivar todas estas acciones, dejando de lado de una vez por todas los intereses empresariales promovidos por el dinero que mueven este maravilloso, aún, planeta.  

Mientras queda tiempo queda esperanza, porque repito de nada sirven todas las políticas económicas para reactivar la economía si a corto plazo nos cargamos el mundo en el que vivimos, de que nos sirve trabajar hoy si no podemos disfrutar del mañana. Menos mal que hay otras muchas personas, desgraciadamente aún minoría, que si tiene una conciencia en cambiar este panorama desolador, y desde aquí, y esperando no haberos asustado demasiado, un humilde servidor os invita a que hagamos un ejercicio de reflexión y analicemos, como haremos en los próximos artículos, como podemos cambiar el concepto individualista y competitivo de que consumirá más, producir más y aceptar que más es mejor, por el concepto de desarrollo sostenible y de empatía hacia los demás. 

This is your world… this is our world…