Tecnologías modernas y energías renovables, esenciales para la transición a una economía de bajo carbono.
Jeremy Rifkin es uno de los pensadores sociales más célebres de nuestra época. Es un sociólogo, economista, escritor, activista estadounidense y asesor de la Unión Europea y de diversos jefes de Estado de todo el mundo. Rifkin investiga el impacto de los cambios científicos y tecnológicos en la economía, la fuerza de trabajo, la sociedad y el medio ambiente.
Al iniciar esta aventura divulgativa del blog quería publicar un resumen sobre este libro: La Tercera Revolución Industrial, de Jeremy Rifkin, el cual me fascinó por la visión revolucionaria que plantea y lo cerca que estamos de conseguirlo, pero pensaba que tal vez fuera un poco impactante como carta de bienvenida.
Así que después de que los pocos fieles lectores hayáis digerido todos los artículos anteriores, me gustaría recomendar la lectura de tres libros de este autor: “La economía del hidrógeno, 2002”, “El fin del trabajo, 1995”, y sobre todo el último publicado a finales de 2011, “La tercera revolución industrial” el cual sustraeré, resumiré y desarrollaré, a mi forma de entender, las ideas más importantes con las que nos tenemos que quedar para un futuro no muy lejano.
Dentro del contexto actual se puede observar como el aumento del precio del petróleo es una realidad y una tendencia en la que nos tendremos que ir acostumbrando debido, como he comentado en artículos anteriores, al aumento de la demanda por parte de países emergentes y a la disminución de las reservas petrolíferas, a lo que hay que añadir las actuales y futuras tensiones en los países productores de este combustible fósil que provocarán aumentos puntuales del precio a cotas inimaginables.
Incluso el gobierno se apunta al carro de subir el precio de la gasolina a través una mayor tributación de este bien, concretamente en Baleares ya se ha aplicado el “céntimo sanitario”, responsable de que haya subido 4.5 céntimos el litro. Y la CNE (Comisión Nacional de Energía) propone un impuesto adicional de 7 céntimos por litro de gasolina y el gasóleo que permita recaudar 2.000 millones de euros anuales, y así financiar las energías renovables.
Sin obviar el problema medioambiental causado por su uso, como son la emisión de los gases de efecto invernadero, con el dióxido de carbono (CO2) como protagonista, una de las amenazas más preocupantes que se va afrontar la humanidad en este siglo, el cambio climático.
Creo que no podemos encontrar un contexto más favorable para iniciar un cambio de modelo energético a nivel mundial, acompañado de un cambio de conducta en términos de movilidad nivel individual. Así pues, la Tercera Revolución Industrial nos brinda la esperanza de que podamos alcanzar una era poscarbónica sostenible a mediados de siglo, evitando así un cambio climático de niveles catastróficos. Disponemos de todos los elementos necesarios solo falta voluntad para realizar la transición.
Para ello Rifkin nombra cinco pilares esenciales que solo pueden funcionar eficientemente relacionando los unos con los otros.
1. Transición de un régimen energético de combustibles fósiles basados por el carbono a un régimen de energías renovables.
2. Transformación del parque de edificios de cada continente en minicentrales eléctricas que recojan y reaprovechen “in situ” las energías renovables. Se calcula que hay 190 millones de edificios en los 27 Estados miembros de la UE (sol en el tejado, viento en las paredes exteriores, calor geotérmico del subsuelo, aguas residuales, etc.)
3. Despliegue de la tecnología del hidrógeno y de otros sistemas de almacenaje energéticos en todos los edificios e infraestructuras para acumular energías como las renovables, que son de flujo intermitente. Este es el punto más delicado, si se consigue explotar este gas como medio de almacenaje a gran escala, no tendremos problemas de disponibilidad de energía cuando la meteorología no acompañase.
4. Uso de la tecnología de Internet para transformar la red eléctrica de cada continente en una “Intered” de energía compartida que funcione exactamente igual que Internet. Millones de edificios generaran localmente pequeñas cantidades de energía y podrán vender los excedentes que reingresaran a la red, compartiendo esa electricidad sin desperdiciar la más mínima.
5. Transición de la actual flota de transportes hacia vehículos de motor eléctrico con alimentación de red y/o con pilas de combustible capaces de comprar y vender electricidad dentro de una red eléctrica interactiva continental de carácter inteligente.
Las sinergias entre los pilares dan lugar a un nuevo paradigma económico capaz de transformar el mundo. Europa está en cabeza en inversión y desarrollo de estas tecnologías, compitiendo con las grandes potencias como Estados unidos, China e India. Incluso los países emergentes también tienen una muy buena oportunidad para industrializarse de forma eficiente utilizando estos recursos sin el coste de reemplazar toda la infraestructura instalada. Por ejemplo Brasil, el 84 % de su electricidad proviene de la energía hidráulica, y el etanol de producción nacional supone más del 20% de cada litro de gasolina usado en el transporte.
De energía renovable hay por todo, así que se crearía un régimen de energía sostenible e integrada. Cada país producirá su propia energía y compartirá sus excedentes con lo demás “trabajo en red”. Pongamos un ejemplo; los excedentes de energía solar en Italia o España se transferirían al Reino Unido, este a Portugal con su excedente de energía eólica, Portugal con su excedente de energía hidráulica a Eslovenia, y esta su energía producida con los residuos forestales a Polonia, que a su vez genera mucha energía a través de biomasa agrícola que la vendaría a Noruega, etc.
El objetivo es convertir a Europa en la economía más competitiva del mundo, ya que los costes de la energía están eclipsando los costes laborales en ciertos sectores productivos. Concretamente la economía española necesita consumir un 20% más de energía para producir sus bienes y servicios que la media de la Unión Europea, lo que supone una pérdida de competitividad creciente, al rivalizar con economías mucho más eficientes.
Así que las eléctricas del futuro se dedicarían a cogestionar el uso de la energía de las empresas de toda la cadena de valor. Actualmente el 33% de la población mundial no tiene acceso a la electricidad, estamos hablando de más de 2.300 millones de personas que podrían tener acceso a la electricidad sin que suponga un peligro para el planeta. Hay que recordar que la electricidad libera a los humanos de las tareas diarias de supervivencia.
Y para ello es básico que se empiecen a crear acciones como: un plan de gobernanza, una financiación público-privada con criterios impositivos fiscales que incentiven esta opción, códigos, normas y reglas universales, auditorias energéticas a nivel continental, y comunidades pilotos para educar y movilizar. Pero sobre todo que cada uno de nosotros seamos conscientes de ello y pongamos nuestro granito de arena para que todo esto sea posible.
This is your world, this is our world.