lunes, 30 de enero de 2012

EFICIENCIA ENERGÉTICA, DETERMINANTE PARA SER MÁS PRODUCTIVOS.

"190 millones de edificios en la Unión Europea, 190 minicentrales eléctricas potenciales."



No se debe confundir eficiencia energética con el ahorro energético, ya que la eficiencia implica una reducción del consumo manteniendo el mismo nivel de actividad, mientras el ahorro implica simplemente una reducción de la actividad. Aunque a su vez están relacionadas, ya que un avance en eficiencia energética supone un ahorro energético, no tiene porque ocurrir a la inversa. Por esta razón, la inversión en esta materia es una forma inteligente de mantener nuestro nivel de vida, y a la vez reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero.

En España, el Plan de Eficiencia Energética (PEE) concentra las medidas aplicables a los edificios, a través de la modificación de la Directiva 2002/91/CE, establece los requisitos mínimos aplicables para conseguir unos niveles óptimos de rentabilidad, y extiende su ámbito de aplicación a todos los edificios existentes que lleven a cabo reformas importantes, teniendo en cuenta las condiciones climáticas y particularidades locales, así como las exigencias ambientales y la rentabilidad coste-eficacia. También prevé la creación de incentivos financieros para fomentar el uso de esta medida, la creación de Planes Nacionales que fomenten el consumo de energías renovables en los edificios, obteniendo una certificación energética, y realizando inspecciones periódicas a las instalaciones.

En el sector industrial y eléctrico, la Comisión afirma que se han de constituir nuevas plantas más eficientes que utilicen la mejor tecnología disponible, además de una mayor información a los ciudadanos para ahorrar energía (electrodomésticos de etiquetado A, luces de bajo consumo, conducción inteligente, etc.).

Desgraciadamente, la política europea para la eficiencia energética solo aplica un tercio de las medidas disponibles en esta área. El principal problema es que este objetivo, a diferencia de los otros dos de la estrategia 20-20-20, no está recogido en la ley europea, y por lo tanto, no es de carácter obligatorio para los Estados miembros. Pero la Comisión Europea advierte que introducirá objetivos vinculantes a partir de 2013, los cuales pueden ir acompañados de penalizaciones.

Una vez conocida la situación actual, ¿nunca os habéis cuestionado la cantidad de energía que se desperdicia, o que no somos capaces de aprovechar?

Dejando a un lado las grandes centrales de energía renovable que están apareciendo en los últimos años y que nos proporcionan un plus a la demanda energética, Jeremy Rifkin, economista y sociólogo estadounidense, menciona en su libro la importancia de aprovechar la energía renovable a pequeña escala. Pone como ejemplo que si hay unos 190 millones de edificios en los 27 Estados miembros de la Unión Europea, y cada uno de ellos fuera una minicentral eléctrica potencial que pudiese absorber y aprovechar las energías renovables in situ (sol en el tejado, viento en las paredes, aguas residuales que expulsan los inmuebles, calor geotérmico que encierra el subsuelo de los edificios, etc.) no se demandaría ni la mitad de la energía producida por la centrales eléctricas convencionales. Esto además puede generar un boom en la construcción, en la creación de nuevas empresas y en la generación de millones de puestos de trabajo, teniendo un efecto multiplicador que repercutiría a la vez en todas las industrias y sectores. 

El principal freno actual a esta brillante idea es la tecnología de almacenaje, ya que las renovables no generan un flujo constante de energía, sino que son intermitentes y no se pueden aprovechar los excedentes generados. Aunque existe tecnología prometedora como las baterías de flujo, las inerciales, los condensadores y las centrales hidroeléctricas reversibles, el punto clave está en el hidrógeno, el cual están depositadas muchas esperanzas. La solución está en apostar e invertir en esta tecnología porque a medio plazo dará unos resultados económicos muchísimo más elevados que seguir dependiendo de la importación de energías tradicionales.

Este es un ejemplo del camino a seguir, mirando al futuro y a los nuevos tiempos del siglo XXI. Por el contrario, el gobierno decide mirar atrás y volver a caer en los mismos errores del siglo pasado, proponiendo modificar la ley de costas, bajo la excusa de armonizar el desarrollo económico, y se vuelve a promover la destrucción de toda la costa litoral, uno de nuestros valores más preciados.

Otro ejemplo de que vamos por mal camino es la decisión de paralizar temporalmente las ayudas a las nuevas instalaciones de producción de energía eléctrica a partir de cogeneración, fuentes de energía renovables y residuos. En cambio se sigue sin tocar las subvenciones al carbón, a las nucleares, al gas o al petróleo, sencillamente otro paso atrás.

No obstante, es verdad que algunas ayudas a instalaciones de generación de energía renovable se han realizado de forma errónea, subvencionando campos agrícolas productivos. Entiendo que la solución no es eliminar estas ayudas, sino corregir los defectos y mejorar las instalaciones productivas, que son muchas. En definitiva, otra política a corto plazo y simplista, pensando en hoy sin mirar más allá del mañana.
 
En un mundo tan competitivo como el nuestro, en el que los costes de la energía están eclipsando incluso los costes laborales en ciertos sectores productivos, el ingrediente secreto de la rentabilidad es el ahorro energético y esto se consigue a través de ser mucho más eficientes en el uso de la energía.




PD: Por si a alguien le interesa, próximamente podréis seguirme también en algunos artículos publicados en una nueva página web sobre turismo ecológico, donde además se publican numerosas noticias relacionadas con el desarrollo sostenible. Os paso el enlace y  ponerlo en favoritos que luego os olvidais de seguirla. Mil gracias!