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Todas estas afirmaciones de políticos y presidentes de empresas eléctricas, plasmadas en el enlace anterior, están totalmente influenciadas y manipuladas por la fuerza ejercida de los loobys que presionan sin miramientos los organismos de control y gestión de los Estados para mantener sus enormes beneficios. Y el informe de energía 3.0 realizado por Greenpeace desmonta todos estos tópicos y estereotipos con argumentos más que convincentes.
Actualmente existen unos 400 reactores operativos de energía nuclear. Según Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) de Naciones Unidas y la industria nuclear, la probabilidad de que el núcleo de un reactor se fusione es de uno cada 250 años, mientras que realmente ha habido una gran catástrofe nuclear cada 10 años: Three Mile Island (EEUU, 1979), Chernobil (Ucraina, 1986), y Fukushima (Japón, 2011), sin contar también con numerosos incidentes de menor rango como el de Mayak (Rusia, 1957), Windscale (UK, 1957) o Tokaimura (Japón, 1999), entre otros. En cualquier momento, una combinación imprevista de fallos mecánicos, errores humanos o desastres naturales puede provocar que cualquiera de los reactores que hay en el mundo se vuelva incontrolable y sus consecuencias son espeluznantes.
Y la prueba más evidente de ello es Fukushima, una central con múltiples barreras diseñadas para impedir que la radiación llegara al medio ambiente o la población, puesto como ejemplo de seguridad nuclearen las demás centrales, y todas las medidas no sirvieron de nada. A pesar de que la industria nuclear y sus grupos de presión han realizado todo tipo de maniobres para que Fukushima parezca un incidente superado, la realidad es que unas 150.000 han sido evacuadas y muchas de ellas no han podido volver a sus hogares ya que se exponen a una fuerte radioactividad, a pesar de estar a un radio de 50km del lugar de origen de la catástrofe, y esto existirá durante muchas décadas. Además de que las indemnizaciones a los afectados brillan por su ausencia, destrozando la vida a miles de familias. Se calcula que el coste total de reparación podría estar entre 500.000 y 650.000 millones de $ y (TEPCO), aseguradora de la central, consigue eludir gran parte de la responsabilidad.
A la industria nuclear también le gusta promocionar la idea de que la construcción de reactores atómicos de gran tamaño genera puestos de trabajo, pero esto no es así. La edificación de un reactor genera únicamente 2.400 empleos en el sector de la construcción, y una vez activo bastan 800 operarios para que funcione. Para conseguir generar unos 70.000 puestos de trabajo se necesitaría construir 22 centrales, con un coste mínimo de 200.000 millones $ y un tiempo de construcción de más de 20 años. Por lo contrario, según la Union of Concerned Scientist, si el gobierno fijara un requisito para que las empresas eléctricas estuvieran obligadas a obtener un 25% de su electricidad a partir de las energías renovables se generarían 300.000 empleos.
Es cierto que las centrales nucleares no emiten gases de efecto invernadero, pero generan los conocidos residuos radiactivos de baja, media y alta actividad. Estos son un material muy peligroso durante cientos de miles de años, ya que no existe ninguna solución técnica que asegure que no se producirán efectos negativos. Actualmente se almacenan en piscinas de refrigeración de las propias centrales o almacenes temporales, y ahora se quiere crear un cementerio nuclear centralizado en Soria, cuando lo que se debería es no promocionar mas ya esta energía, cerrar las centrales e invertir en las energías renovables, ya que disponemos actualmente de una tecnología verde desarrollada, fiable, asequible y preparada para reemplazar los peligrosos reactores nucleares. Ya que prescindir de esta tecnología es perfectamente posible a nivel económico, y deseable des del punto de vista social y medioambiental.
En España disponemos de 8 reactores y la energía nuclear supone el 13% del consumo de electricidad, siendo ya superada por las energías renovables, a pesar de todas las trabas que se le están poniendo. La central de Garonya es idéntica al reactor de Fukushima, una de las más viejas del mundo y con una fecha de cierre establecida, pero el Gobierno prolongó su funcionamiento de manera absolutamente irresponsable, poniendo en riesgo las persones a cambio de que sus propietarios, muy poderosos, sigan ganando enormes beneficios mientras el precio de la electricidad para los ciudadanos sigue siendo el mismo o superior.
Finalmente os dejo con este gráfico donde podéis observar a nivel mundial donde están concentrados la mayoría de reactores nucleares, y lo que suponen para cada Estado su dependencia de esta energía.
Datos 2009
España importa el 77% de la energía consumida, lo que supone un coste altísimo para las arcas públicas, pero la solución no está en la energía nuclear, a pesar de que muchos no lo reconozcan y sean demagogos para no cerrar “el chiringuito”. Así que desde aquí lanzo mi último mensaje de petición al cierre paulatino de todas estas centrales y el apoyo incondicional a las renovable capaces de cubrir toda la demanda energética para 2050, y reducir también la demanda energética con eficiencia e inteligencia, claves para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
This is your world this is our world.
Muy interesante el articulo. Una lástima que a pesar de que ocurran desgracias como la de Fukushima entre otras, la gente aun se cuestione sobre los beneficios o no de la energía nuclear. Por desgracia comentarios tan obsoletos y “pasados de moda” como que las energías renovables no tienen aun capacidad suficiente ni están desarrolladas como para poder generar la totalidad de energía que consumimos, imperan todavía en nuestra sociedad, en especial por parte de aquellos que pueden perder mucho dinero si esto llega a ocurrir. Así que volvemos al tema de siempre, aquellos que dirigen “el cotarro” son los que deciden, y como de dinero depende; a empresas eléctricas, gobiernos, instituciones, empresarios…no les conviene ni compensa un país que se abastezca en exclusiva de energías renovables. Por otra parte, aquellos que se deciden a invertir en este tipo de energías se encuentran con los problemas de infraestructuras y el desembolso económico inicial, y aunque a la larga probablemente los ingresos superarían los costes iniciales, son ingresos “más lentos” y el lobby nuclear es “imbatible”. Así pues, lo que beneficiaría a la sociedad nuevamente se encuentra limitado, y los beneficios de prácticas nocivas van a parar a manos de unos pocos privilegiados, pero por desgracia las consecuencias si son compartidas…!
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